Fue apenas media hora, pero suficiente para que la fragancia de jugador de clase mundial que destila Griezmann regara un nuevo triunfo del Atlético. Obviamente el francés ya no marcha con la velocidad de años atrás, pero no la necesita porque su clase es inagotable. De ahí que resolviera un balón al espacio sin apurar todo el camino a la portería, le bastó un sutil toque de calidad para dibujar una espectacular vaselina. Talento a raudales en su justa medida: sin tener que cargarse de 90 minutos, Antoine apareció a tiempo para dejar su huella en el duelo con una definición a la altura sólo de los genios.
Un chispazo para demostrar que sigue muy vigente, pese a que Julián ya esté listo para heredar su corona, apenas tres días después del doblete con el que había despachado sus 67 minutos de actuación en Salzburgo. Otra prueba de que, a menos físico, más genialidades para salir del paso.
Un reinado aún por terminar
Camino de sus 34 años y convertido en el máximo goleador de la historia del Atlético, nunca se sabe si esta puede ser la última temporada de Griezmann antes de que se lance a cumplir su aspiración de acabar sus días en el fútbol americano. Sin embargo, hasta que llegue su final, aún tiene muchos retos entre ceja y ceja: mientras completa el traspaso de poderes a Julián, ambos forman una sociedad que permite soñar con todo (16 goles llevan la firma del argentino; 15, además de siete asistencias, la del francés) en plena pelea por la Copa, la Champions que falta en las vitrinas del Atlético y la Liga que se le resiste a Antoine.