Si la década de 1970 dio para sentar las bases mecánicas y estructurales del
videojuego moderno, los 80 directamente pusieron nombre y apellido a las grandes
franquicias, las mascotas más icónicas y los géneros más jugados.
En los 80 nacieron los eSports y los shooters en primera persona. Con este
artículo repasamos los juegos clave que durante diez años redactaron la historia
con la que aún hoy aprendemos a leer el videojuego. ¡Comenzamos!
PacMan (1981)
El ComeCocos, el quesito amarillo al que le faltaba una porción. Uno de los
juegos más emblemáticos de esta década y las siguientes. Su simbología (cuatro
fantasmas con sus propios patrones de comportamiento, puzles simétricos sobre
fondo negro, el clásico waka-waka mientras avanzamos) ha permeado en la cultura
pop y, si en Scott Pilgrim explicaban de dónde vino su nombre, en Pixels!
directamente devoraba edificios.
Donkey Kong (1981)
Donkey Kong no solo supuso el primer gran icono cultural de Nintendo -imitando
al mítico King Kong-, también fue el primer juego de un tal Jumpman, quien
terminaría después gozando de juego propio bajo un apodo más conocido, y el
primer gran éxito desarrollado por Shigeru Miyamoto,
Tempest (1981)
Otra gema, esta vez de Atari, radicalmente distinta a cualquier otra cosa vista
entonces. Este arcade del magno Dave Theurer presentaba distintos movimientos
circulares sobre una asombrosa perspectiva 3D. El abuelo de Super Hexagon, Rez y
el juego que dio pie a la leyenda de Polybius, según algunos historiadores.
F1 Pole Position (1982)
Saltamos de año y viajamos ahora a 1982. Tiempos de estrellas como Niki Lauda o
Alain Prost, estrellas de la F1. Es lógico que Namco quisiera aprovechar el
tirón y sacar, de paso, el juego de Fórmula 1 más importante hasta la fecha. No
solo aterrizó en salones arcade, las consolas domésticas (Atari, Amstrad, CPC)
también pudieron disfrutar del lanzamiento.
Pitfall! (1982)
La Activision de aquel entonces era muy diferente de la actual propietaria de
Call of Duty. Pitfall! supuso una lectura revolucionaria a los juegos de scroll
lateral de entonces. Recolectando tesoros por una jungla trufada de peligros,
este pequeño lanzamiento logró encandilar a toda una generación.
Tetris (1984)
Pero si de juegos generacionales tenemos que hablar, Tetris supone el epítome,
un juego de lógica basado en tetraminos que aún hoy vende miles de copias.
Programado en un laboratorio bajo la dirección de Alekséi Pázhitnov, los
derechos del juego permanecieron en la Unión Soviética hasta su disolución
misma. Menos mal que Pázhitnov pudo reclamar su parte, porque Tetris se
convertiría en el juego más vendido de la historia.
1942 (1984)
El género shoot ’em up debe a este pequeño juego bélico su razón de
ser. Ambientado en la Guerra del Pacífico, Capcom entendió mejor que nadie las
pulsiones marciales de miles de chavales estadounidenses que solo querían
acribillar con su avión a toda la flota japonesa.
Elite (1984)
Elite supone un punto y aparte. A diferencia de los juegos con principio y
final, Elite planteó algo así como No Man’s Sky en pleno 1984. Muchos ni
habíamos nacido y ya existía un juego que simulaba una nave espacial y el cosmos
entero, generado procedimentalmente, con sus planetas y sus variables. Podíamos,
literalmente, perdernos entre la inmensidad.
Ghosts’n Goblins (1985)
Volvemos a Capcom, una de las grandes editoras de aquella década, y a la
aventura de Sir Arthur. Gráficos verdaderamente innovadores y un mundo copado de
fantasmas, lápidas y criaturas de ultratumba. Quienes sufrieran su aciaga
dificultad sabrán no habrán podido olvidarlo.
Super Mario Bros (1985)
Más feliz, en cambio, era este dulce plataformas de cielos azules que nos
transportaba al Mundo Champiñón. Segundo gran éxito de Shigeru Miyamoto para
Nintendo Entertainment System (NES) y primera piedra sobre la que se
construirían todos los plataformas sucesivos.
Paperboy (1985)
No podíamos dejar de lado este juego isométrico donde un chaval en bici va
repartiendo periódicos por un vecindario, dia tras día.
Su apartado gráfico heredado del mundo del cómic y su estilo desenfadado
triunfaron entre la población más joven. Mención especial merecen sus físicas y
dinámicas para calibrar la velocidad e inercia de la bici.
Commando (1985)
Y sin salir de 1985 cerramos con el arcade -que no la peli- en desplazamiento
lateral, publicado por Capcom. Un peso pesado del género bélico que seguía la
estela de 1942, salvo que ahora pisábamos tierra bajo el avatar de Super Joe, el
soldado definitivo que era capaz de acabar con tropas enteras con solo un fusil
de munición ilimitada y su galería de granadas.
Outrun (1986)
Un Ferrari Testarossa, una compañera rubia y un puñado de rutas a cada cual más
exótica bajos tres melodías inolvidables, Splash Wave, Passing Breeze y Last
Wave. Eso era todo lo que necesitaba Sega para construir el arcade de conducción
más frenético de la década. En serio, solo hace falta verlo en movimiento.
The Legend of Zelda (1986)
¿Otra vez con Miyamoto? Así es. Y otra vez con otro éxito que, aunque no alcanzó
su estatus definitivo hasta los tiempos de Nintendo 64, sí demostró que las
historias de duendes en mazmorras olvidadas también se le daban genial.
Exploración y fantasía en clave mágica.
Rampage (1986)
Difícil olvidar esta salvajada de Bally Midway donde tenemos la oportunidad de
destruir la ciudad balo los controles de una bestia gigante, ante la frustración
del ejército y demás rivales. Hasta tuvo su reciente iteración en el mundo del
blockbuster: ¿recuerdas la película de 2018 protagonizada por Dwayne Johnson?
Bubble Bobble (1986)
Frutas dulces, escenarios delirantes por enrevesados y un dragón que lanza
burbujas para vencer a los enemigos. Esta lindeza de Taito embobó a miles de
jóvenes que, nivel tras nivel hasta completar los 100, luchaban para conseguir
el anhelado happy ending.
Double Dragon (1987)
Subimos el listón de edad y cruzamos otro año en nuestra cronología oficial con
el que es, para muchos, el brawler definitivo, un yo-contra-el-barrio en clave
beat ’em up inspirada en las muchas películas callejeras de la época.
Desarrollado por la desconocida Techns Japan, su éxito en salones arcade fue
inmediato. Actualmente la saga cuenta con cinco secuelas oficiales.
Contra (1987)
Y de machotes rubios sobre calles sucias, a machos descamisados sobre selvas
vírgenes y bases militares. Desarrollado por Konami e inspirado en la exitosa
cinta Predator, pocas cosas más divertidas que jugar en cooperativo disparando a
todo lo que se mueve.
Mega Man (1987)
Otra saga que ha crecido hasta sumar doce entregas y extenderse más allá del
videojuego también nació en estos días. El pequeño niño robot del Dr. Light,
conocido en su país natal como Rockman, fue otra exitosa creación de Capcom que
viajó desde NES hasta GameBoy, pasando por Game Gear o teléfonos móviles.
Maniac Mansion (1987)
Los 80 también fueron los años de LucasFilm, del comienzo de un nuevo género: la
aventura gráfica. Esta divertida gema apareció por primera vez en ordenadores a
Commodore 64 y Apple II, asentando el nombre de Ron Gilbert en la industria.
Ambientado en el Rancho Skywalker, hogar de George Lucas, la historia mezcla
ciencia ficción con socarrona comedia y complejos acertijos.
Wasteland (1988)
Y vamos ahora con el mismísimo padre de Fallout -no en vano, Bethesda terminaría
adquiriendo los derechos-. Desarrollado por Interplay y publicado por Electronic
Arts, esta extenuante aventura nos propone sobrevivir en pleno yermo nuclear,
ayudando a una pequeña comunidad de rangers a medrar dentro de uno de los mundos
más hostiles diseñados en los videojuegos.
Pang (1989)
¿Quién no recuerda disparar a burbujas gigantes sobre fondos de las principales
ciudades del mundo? Del Himalaya al Taj Mahal, pasando por la Sagrada Familia,
su adictiva mecánica lo transformaron en un éxito sin precedentes en los salones
recreativos de medio mundo. Echa una partida a dobles y verás.
Indiana Jones y la Última Cruzada (1989)
Nueva iteración de Lucasfilm Games bajo la creativa mirada de Ron Gilbert y su
versátil motor SCUMM. El juego sacó el máximo provecho a una licencia que, si
bien no ha vuelto a ser la misma, marcó a toda una generación y sirvió de germen
para juegos como Tomb Raider o Uncharted.
Shadow of the Beast (1989)
Quizá una de las incursiones más extrañas de Psygnosis, una aventura en un
planeta remoto a los mandos de una bestia salvaje. Un juego gore y despiadado
pero sobre todo evocativo, que además contó con remake para PS4.
Kick Off (1989)
Aunque los grandes juegos de fútbol no llegarían hasta los 90, con ISS y FIFA,
Kick Off reinó como el primer simulador que se tomaba en serio esta traslación,
representando todo lo que hace al fútbol un deporte de masas, incluyendo
repeticiones en perspectiva cenital y unas físicas bastante realistas para la
época.
WWF WrestleMania (1989)
Y si Kick Off dio un salto de gigante en su género, WWF WrestleMania (1989),
desarrollado por Rare, hizo lo propio en el pressing catch, en un momento donde
todos los chavales querían parecerse a esas figuras televisivas -a saber, Hulk
Hogan o Andre El Gigante- que parecían sacadas de los cómics de superhéroes más
pulp.
SimCity (1989)
Y si hay un juego que sirva de colofón, de cierre excelso, ese es el adictivo
invento de Will Wright, una de las mentes preclaras de esta industria y una
lectura audaz del capitalismo y las dinámicas poblacionales. Un juego genial
donde tendremos que alimentar un mundo feliz creando aeropuertos, centrales
eléctricas, carreteras y demás, y que a día de hoy sigue siendo uno de los
grandes referentes de su género.