En el verano de 2015 seguí muy de cerca la Eurocopa Sub-19. Es mi torneo favorito de categorías inferiores porque descubres a talentos maravillosos que están ya a las puertas de la alta competición y que con un poco de suerte te van a acompañar durante 15 años de tu vida. En aquella España que salió campeona estaban por ejemplo Mikel Merino, Dani Ceballos o Borja Mayoral. Había mucho nivel en esta generación, hasta el punto de que muchos incluso intuíamos que uno de ellos en concreto podría romper la larga sequía del fútbol español con el Balón de Oro.
Y no nos equivocábamos, porque ayer lo ganó uno de ellos. Aunque tampoco acertamos, porque quien lo ganó no fue Marco Asensio, el MVP de aquella España Sub19.
La primera vez que vi a Rodri fue en este torneo que menciono durante el verano de 2015. Ya entonces tenía el cuerpo, la actitud, el comportamiento y la mirada de un mediocentro. Me encantó desde el primer día. Pero debo ser honesto: jamás imaginé que podía convertirse en el futbolista con la jerarquía y autoridad de los últimos años. Ni siquiera lo pensaba tras su etapa en Villarreal o en su fugaz regreso en el Atlético de Madrid.
Iba a ser uno de los buenos. Podía ser uno de los mejores. Pero no creía que fuese a convertirse en la pieza más imprescindible de un equipo tan poderoso como el Manchester City. Los números no engañan. Guardiola no engaña. No hay futbolista que afecte más al rendimiento del City en los últimos años que Rodri.
Su crecimiento en Inglaterra fue espectacular. Desde el segundo año Rodri se convirtió en Rodrigo Hernández al mismo tiempo que pasaba de controlar jugadas a dominar partidos enteros. Siempre bien colocado, siempre con la jugada en la cabeza, siempre con el toque justo y siempre buscando hacer más. Su explosión goleadora no deja de ser la consecuencia de un futbolista humilde y trabajador, pero con un hambre voraz por el fútbol que no ha parado de trabajar para mejorar en cada aspecto del juego.
Todo esto se trasladó a una Selección español huérfana de nivel y liderazgo, y que acabó campeona de la Eurocopa bailando al ritmo de su mediocentro. Muchos jugadores destacaron en la Euro. Respeto a quien crea que Fabián, Olmo o Lamine fueron mejores. Todo es debatible, por supuesto. Pero creo honestamente que nadie fue más importante en el juego de la selección que un Rodrigo Hernández al que en la Euro le sumamos su segundo apellido para que su nombre resuene en la historia del fútbol español con la fuerza que merece.
Tras su discurso ayer quedó claro que no podemos tener mejor representante que Rodrigo Hernández Cascante. Su Balón de Oro es sobre todo un premio al tremendo nivel de sus últimos años, pero también me parece un reconocimiento al juego, la jerarquía y la trascendencia de los centrocampistas españoles en el Siglo XXI.
Han tenido que pasar 64 años, 4 Eurocopas, 1 Mundial y más títulos de clubes de los que seamos capaces de contar, para que Don Luis Suárez Miramontes tuviera sucesor. Me parece que con Don Rodrigo Hernández Cascante no necesitaremos esperar tanto tiempo.